Espora

Fragmento rígido de ceniza colorada

así es la espora del hongo más morado

de morado está el vestido que pisa el alpargata

cuanta milla veo demorada al paso de sus anchas

poblando el lodo, subiendo de prisa en la llanura 

como el río en la brisa de su cause en ceros numerado

con miles de pasajeros llevando flor en el sombrero

circulando en el cuenco de una pipa de negra madera

el viento trae la savia y sus verdes se renuevan

la luz que no se atrapa, la luz que del ebano refleja

que apenas cubre la cabeza de su pieza hasta las ramas

su inversión dorada en un curva de plata se asemeja

a la simétrica proporción de metro y de distancia

sus ángulos con gracia acoplando superficies

de un círculo tangente a la pupila de un lobo

en que la luz se halla toda concentrada

como del aullido la luna enamorada

vestida como lágrima de plomo.

Perplejo

¿Cuál sería mi legado? me preguntas

y no respondo y te contesto:

mira esto que te muestro y que no está

esto soy ahora, nada más.

Quemo mi currículum,

me entrego a la aurora, a la noche,

o una mañana al rocío

y nada más.

Y me preguntas y yo miro alrededor

como buscando la respuesta

mas respondiendo con total disposición.

¿Qué dejaría de legado?

Ayer, hoy, mañana, ¿cuándo?

Si desde que recuerdo he sido un espejo

en el que el mundo se mira

y se queda perplejo

esperando a que entregue en un segundo el aliento

y entre el bosque de luces y reflejos

yazca inmóvil el rostro de toda existencia

en la pausa del sentimiento omnipresente

en el gesto omnisciente en que una palabra

se vuelve sonido

y una historia se envuelve en el olvido

de una pausa vuelta acción

y ya no hablo de mi

ni me hablo

y solo estoy estando.

beauty-of-the-beasts:

by Matt Ginzel

Pirámide

Podría ser, y bien podría

que toda la injusticia humana fuera

la naturaleza revelada

de la última manera que uno pensaría.

Pensar una idea,

Platón decía,

es el rozar del cielo a la materia

en que el sueño del hombre traería

el círculo a la piedra y del maíz la milpa.

Si no fue por vez primera

que el dejar de ser sería constante

y el don del fuego brillara en la tierra,

bien podría ser

que en las pirámides yacieran

las sagradas proporciones en arreglos de quimera

guardando el secreto de viejos mutantes.

¿Fue uno el primero en ver del cielo sus estrellas

o en saber que el suelo está puesto en una esfera?

Puede ser,

que de esta materia de que están hechos los sueños

así sean nuestras huellas.

Él, felino

De detrás de sus ojos

azules como la neblina

saltó un tigre,

no en busca de su presa

sino en defensa propia y explosiva

contra este gigante desconocido

de proporciones de árbol

agitado y colorido,

en espasmos de terror,

como si el hijo invocara a la madre

arremetiendo ante el riesgo del mutante

transmutando por todas las ramas de la especie

sin ceder un paso de terreno…

hasta que siente el pulso de su corazón monstruoso

profundo y ancho, a veces algo austero

al que acompasa el suyo aun pequeño y ágil,

como el susurro de la tierra

armonizando al del arroyo frágil,

entre la prensa firme de los dedos

devolviendo al engendro

a las fauces de su madre protectora,

reflejándola en su entrega,

que lo llevaría de vuelta

a su madriguera entre las hojas.

Entonces veo

cuatro son estos pequeños

son tres claros y uno negro

los tres como su madre tuerta

son ariscos y salvajes

y son hembras

y al negro orgulloso entre las sombras

lo tome colgante entre mis brazos;

un marinero abandonado al capricho de su barco

que ha dejando a sus familias en las costas,

trepado del humano

detrás del enemigo del umbral

como subiendo a un altiplano

¿Vivirán estos pequeños?

Son gatos los cuatro,

y no sé si contarlo

pero su madre acecha

y será mejor dejarlos.

¡Mira! dentro del marco de hojas

ahora duermen a las faldas de su madre

que está a uno amamantando de un pezón que no encuentra.

Ojalá que el dios que es gato los salve.

Denuncia

Creo que todo el mundo ansía arder o ser quemado vivo

mientras sus manos enciendan la atadura de sus ojos

y de esas lágrimas se funde un caudal oceánico

que cambie en arrecifes nuestros bosques

y en abundancia el vacío de tierra y de subsuelo.

Veo la inmersión de un sueño que se arremolina

en una actitud vacía de historia y de tiempo

que se revela a lo evidente y suciamente se convierte

en política de castas, de los que gritan y los que callan,

en la mugre de una mano que entrega bendiciones de piedra.

Y si el creador se entrega, como es su deber,

a estos sueños de friega y de novela

el mundo quedará ciego y mudo

acorralado por su frontera no acotada

que se dibuja en la huellas que no emulan

arreglo sideral alguno.

No hay denuncia porque no hay parámetro

como no hay regla porque lo recto se curva al infinito

pero tenemos grito porque el susurro se evapora:

el de esos antiguos vientos

que encienden las velas,

el de esos inauditos sueños

que apagan las velas y nos sumen

bajo la sombra blanca de una estrella.

Más me resta labrar por lo labrado

aspirar por lo aspirado

recobrando los espectros de la aurora

para el perdón de los pecados

de esta injuria azotadora;

una mente que ahora llora lo anhelado

su cárcel, sus alas y sus vientos congelados.

Tradición Oral

Publícame este verso que ahora a ti te dedico,

toma de mis labios la sombra de mis ojos

*

haz de mi ciego recorrido a tientas del olvido

una función de piedra del polvo de nosotros

*

riega por fin mis versos en toda cuna del oído

para dejar por siempre el recuerdo en la memoria

*

y que ni las horas ni los días puedan callarnos

salvo que la mortalidad nos arrebate la diatriba

*

que de nuestra boca no fluya sino saliva

o aquel verso regado en nuestro oído

*

toma de mis labios la sombra de mis ojos

y hazla hoja, hazla espuma, hazla arroyo que señala

*

estos ríos, mis palabras, mi pluma que clama

nacer en tus labios los versos que te escribo.

Mandala del Mono

Me traspasaba con una mano, me mostraba con otra,

desplazaba una mano y me tendía una más.

-_-

Un primate iluminado con comando de los astros y dos colas

tendido en equilibrio al centro de un mandala solar

una célula en vida cuatro dimensional, o más,

tendida sobre el manto inamovible celestial.

-_-

Su corona una concha incendiando el cielo

me recuerda una visión del recuerdo primordial,

su mirada un espasmo imcompasivo y lleno de entendimiento

desplomando el concepto primitivo de la identidad

a un pozo infinito conceptual que se cierra sobre sí mismo

sonriendo con picardía;

dejar la vida, ese impulso insuperable de cabar la tumba,

se entiende sobre las vibraciones de su danza

y por la muerte libre a plena raiz de sus emblemas.

-_-

No todo lo que palidece está muerto, ni lo quieto carente de vida;

en su ausencia de color se subraya su importancia.

Aún en el silencio se oye el grito de una enzima,

de una lástima perdida en un encuentro 

sobre el que resbaló 

único el momento 

equilibrado 

en un 

pie.

Vespertina

1.

Plena incertidumbre sobre el vertiginoso crepúsculo

¿el sol caerá y el fuego incendiará la noche?

Se escuchan voces y ruidos como murmullos lejanos

y siento mi corazón desesperado por los embates de la razón

envenenando su cimiento como el ozono al pulmón.

2.

Pienso en el futuro como la manga del pasado invertida

por el miedo a tocarte y dejar todo por ti

revelándote mis cartas 

cuando de verte me nazca lo enamorado

y tenga que explicarme lo que pasa; 

qué haremos de nosotros

en un mundo que exige el olvido para revelarse

y el conocimiento para encontrarte a ti.

3.

Te quiero volver a ver, 

me quiero volver tu saliva 

y volver otra vez a decir que te amo

con tal de derribar entre nosotros los abismos,

para entrar en la tierra, 

que de nosotros abrace el fuego

pues lo que arde se consume

y la duda se vuelve semilla

reposando en lo profundo de la selva que eres tú 

mi complemento y mi ausencia,

entre los vestigios del destino.

A Krishnamurti

Atendiendo con atención, 

        entrando al yo

            se deteniene el yo

observando atento el movimiento de la mente,

            el entorno y la respuesta:

del movimiento somos todo solamente.

Soy toda la humanidad

sin individuo 

y la separación

es la ilusión más cara.

Separación significa:

          tú y yo

              apego y desapego

        malo  o  bueno.

Significa conflicto

y un conflicto es mucho

para mí que soy nadie.

No puedes ser 

si quieres seguir;

no hay caminos

   que te lleven a tus pies.

No hay conceptos

   que te salven con sentido.

No hay iniciación

    por imitación alguna.

Es un paso

     viendo tus pasos

         en tus huellas

             que dejan mis huellas.

          Ver sin etiquetar

ni perseguir la etiqueta

a sabiendas que te mueves

sin saber cómo lo haces.

Y viviendo esta película 

es como la trama mejora

dilapidando su argumento

resumida toda siempre en el ahora

al que acabas de llegar

y de inmediato abandonas.

Rapsodia al Canto

Una buena canción es un poema que requiere poca participación 

o, en otro sentido, 

en que es ineludible la participación.

La convulsión del cuerpo es la máxima solidaridad

ante el enroque sin torres 

de un tesuji de proporciones proféticas.

Toda poesía, en el fondo, habla de lo mismo: de ese fondo oscuro. Si se quiere, es parte de su definición como concepto. Pero esto es un error: no puede ser concepto aquello que es pura evidencia de lo invisible y que flagrantemente introduce nuevos elementos, a veces fuera del discurso. ¿A qué nos remitiremos en su definición? Es un grito de silencio. Su silencio es el de la mente quieta, atenta al movimiento. Es el de la presencia clara de nuestra condición, disuelta por este mismo presente en que se despeña. La poesía es la única presencia de nuestra historia, vestida de gloria u olvido, de leyenda o de mito. Lo demás es pasado o futuro y cada poema refiere de una sustancia distinta.

Pero me fío a no poner una veladora en el altar arcaico

y continuar cantando cualquier canción

dejando que el silencio se pueble de ecos esperando resonar.

Serán movimientos delicados, ausentes, 

de modo que mi señal no os distraiga de la luna,

la intersección de noche y día.

Y es cuando del dedo a la luna hay un salto hermoso en tus ojos.

Hay tantos maestros que hubiera querido conocer

pero, en honor a su memoria, ahora callo 

pues esta es la actitud con que se escucha al maestro

y su condición de posibilidad.

No pierdo tiempo

en una última canción,

me voy ya

a donde el olvido nunca fue más memorable.

Lapsus

De un lapsus brutus me paralicé

¿habría de preocuparme lo que aún no acontecía?

Peor sería que la nada nos traspase

que no aparezca esa nota que deshace 

la monotonía del afanoso silencio

naciendo calurosa al agua fría

en los oídos cuyos corazones se esfumaron

bajo la radiación del medio día.

Te tomaré por desconocida

te querré sin mesura

así al resto de las creaturas,

esas que viven en tu cuerpo:

tus senos ojos alucinantes de luz y piel,

transparente inocencia 

experiencia de lo eterno

con que me miras y me borro

de donde brotan la vida y el instinto

y nuestro amor otro juego 

la creación de un multiverso

resolviendo el universo 

en un chispazo.

Ahora brindamos rebosantes

a la salida del faro

y de un clavado apaciguamos 

este mar turbulento.

Sus aguas tibias, 

reposando en la ambigüedad de una caricia

que se renueva constante

empujando el alma en elevada presión,

transmutando sus alturas

y en su pericia articulando su inocente anuncio:

“tú que siempre te vas no me dejes nunca.”

Así fue la duda exhalada por el soplo de mi cuerpo

por el tuyo disuelto en la imagen 

a que responde como eco;

como un alivio inundando mi pecho

como el mar inunda mi cuerpo

en los relieves que el interior amarra

fundiéndonos en un acierto

que infunde vida al movimiento.

Tú y yo

Tú quieres elevarte a las alturas, yo iluminar la oscuridad. Tú quieres medir la tierra, yo quiero recorrerla. Tú quieres conocer a Dios, yo sólo quiero creer.

A Dios no le importó la colección de deseos satisfechos o sueños realizados, sino cuanto aprendimos a amar a través, y a pesar, de ellos.

No importará lo acumulado, sino cuanto soltemos hacia las siete direcciones.

Cuantas oraciones no, sino la devoción y entrega aún en el más débil de los susurros.

El promedio de toda esencia se resuelve en el único bien transferible.

Y se presenta reiterada la idea de que siempre hemos querido lo mismo,

de que son imposibles dos mundos de una misma sustancia.

Una estatua en el jardín de porte tal que no hay ave que ose posarse sobre ella o a su sombra, salvo yo

que no respondo a las glorias pasadas.

Salvo tú,

que te reconocerás en aquel busto solitario en la mitad del jardín.

Ficción perceptual

Un viaje extraño por una tierra que mis abuelos no conocieron me llevó a contemplar la bastedad de una hoja sin titubeo alguno, con una certeza ante el vació que asombró a una parte de mi mientras otra sonreía cautivando sus sentidos en el inmaculado portal, como al entrar a la casa de su infancia o a un bosque olvidado cuyo aire contiene la densa exhalación de arboles desproporcionados y antiguos, de viejas memorias. Vida en su palidez o muerte en su plenitud no pude discernir entre la hoja. Pero cabía constancia de una historia escrita.

La textura de la hoja hacía nacer en las yemas de mis dedos la sensación de un valle infinitesimal de intrincada rugosidad que, a más fino escrutinio, parecía el leve rose de una superficie suave, en su aparente plana geometría, produciendo una deliciosa fricción (justo la necesaria para barrer el carboncillo de un lápiz). En mis ojos provocaba ansiedad y vértigo con sus eslabones como rocas minúsculas en cuyos valles blancos se ha instalado la negrura cual pozo precipitado.

Detrás de sí mi mano arrastraba vestigios de una vida que no dejaba de recordarse y que, me convencí, no dejaba aún de suceder. Episodios infantiles y otros de terrible seriedad aparecían mezclados aconteciendo en un orden críptico; muchas veces me daba la impresión de que en realidad sólo había una trama, un suceso, de dónde todo se desprendía y del que me resultaba imposible armar una historia coherente con una vida temporal unidimensional y subjetiva. Como un rompecabezas donde ninguna pieza encaja del todo con otra, de modo que uno se ve forzado a admitir que cada pieza es por sí sola un rompecabezas o a empaparlas de líquido para hacerlas encajar por la fuerza. Un argumento de vacuidad, sí, pero no del todo inocente de una intuición que estira la manera cotidiana de armar los sucesos del mundo: nos encontramos ante una sucesión de mundos que se tocan todos al mismo tiempo (es decir, en el mismo lugar) en todas sus piezas.