Y los días pasaron como lluvia efímera, dando paso a microscópicos ojos de huracán, de donde todo lo imaginado fue inicialmente pensado destendido y plano en una vecindad del observador en que el cúmulo de rostros no puede ser alcanzado en detalle por la atención que es como un haz de luz en la oscuridad; es ahí donde el intento salta al ensueño de una hidra, ser mitológico arquetípico de la multidimensionalidad de la persona, un organismo de la siguiente esfera. Así vale la pena recordar de estos días de primavera la manera con que la jacaranda espera el equilibrio de las noches y los días, de la cual uno erguido en dos patas con la cabeza flotando cual masa etérea no da cuenta siquiera, apenas da, para fulminar con luz queda la ciudad más hendida en la miseria, sombra opresora, tiñéndola de lila. Sólo sumidas en la eternidad es como lo logran, ellas, las jacarandas, siempre cercanas a toda partícula desdiciendo la métrica de Lorentz de los entes temporales que dejamos de ser las veces en que un puente se tendió en continuas direcciones.

Y los días pasaron como lluvia efímera, dando paso a microscópicos ojos de huracán, de donde todo lo imaginado fue inicialmente pensado destendido y plano en una vecindad del observador en que el cúmulo de rostros no puede ser alcanzado en detalle por la atención que es como un haz de luz en la oscuridad; es ahí donde el intento salta al ensueño de una hidra, ser mitológico arquetípico de la multidimensionalidad de la persona, un organismo de la siguiente esfera. Así vale la pena recordar de estos días de primavera la manera con que la jacaranda espera el equilibrio de las noches y los días, de la cual uno erguido en dos patas con la cabeza flotando cual masa etérea no da cuenta siquiera, apenas da, para fulminar con luz queda la ciudad más hendida en la miseria, sombra opresora, tiñéndola de lila. Sólo sumidas en la eternidad es como lo logran, ellas, las jacarandas, siempre cercanas a toda partícula desdiciendo la métrica de Lorentz de los entes temporales que dejamos de ser las veces en que un puente se tendió en continuas direcciones.